LOLA LATELLA Y SU HOLGA.

Holga fue mi quinta cámara analógica. La cuarta Lomo. La que más cuestionamientos me trajo, afortunadamente. Al principio, y por ciertas voces que no me correspondían, le tuve un poco de idea porque el plástico, porque fijáte bien la calidad, porque etcéteras que no necesitaba escuchar, en realidad. Fue en el primer rollo que empezamos a querernos. Empezamos a irnos juntas de viaje, y seguimos viajando juntas, inclusive en lo cotidiano. De estas supuestas imperfecciones y limitaciones que muchas afirman, empezaron a nacer imágenes llenas de una magia hermosa e indescriptible, y empecé a descubrir que estamos rodeados de colores increíbles, de mundos increíbles, y que muchas veces pasamos por alto. De lo que adoro llamar accidentes felices, entendí que me significó una especie de soga para destapar mi inconsciente, y empezar a conocer cosas de mí misma que hasta entonces, claramente no sabía que estaban ahí. Supe que afloraron verdaderos deseos de amor y de libertad a través de estos colores como manchas que iban aflorando cada vez con más fuerza. Explorando al mismo tiempo ese deseo eterno de querer entenderlo todo para percatarme de que en realidad, nunca termino ni terminaré de entender nada en su totalidad. La materialidad misma en juego, la búsqueda inagotable e inalcanzable de lo desconocido. Creo que con Holga empecé a darme cuenta de algún modo, que la fotografía para mí es más que un lente codiciado, más que una imagen prolija, más que ese retrato armado, porque eso queda en la anécdota. Pienso que la fotografía no es búsqueda de perfección, no es simetría, no es esa chatez de lo establecido por la regla, que no niego es preciso conocer, pero siempre es mucho mejor y más divertido y gratificante y nutritivo romper. Es lo que mezclo como colores en una paleta con la pintura, de las líneas que aparece en el dibujo, con lo real y con lo que no está ahí, no existe, hasta que de golpe aparece, y empieza a ser. Con Holga y toda esta desprolijidad, toda esta magia, entendí un poco que soy bastante eso que nace de un disparo quizás azaroso, accidentado, consciente y a su vez inconsciente, de lo que pasa cuando meto todo en el tanque y revelo cada rollo. Que también soy eso, esa imagen retorcida, inentendible, fantasmagórica, pero con una profundidad y una fuerza que creo que a pocxs interpela. Por suerte.

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