RUBEN SCRICCIOLO – RIACHUELO

Siempre tuve una extraña fascinación por el Nicolás Avellaneda.

Construído en una Argentina pujante que inauguraba el siglo XX,

contrastando con una Europa desgarrada en plomo y sangre,

un puente que creció por las manos de laburantes asustados

que terminaron huyendo del horror de sus lejanas patrias.

Un puente que extendió sus largos brazos metálicos

y como si fuera un abrazo de pareja unió para siempre

“La Maciel” con “El barrio de La Boca”

para que se conozca y se consolide la pareja

con sus propias historias de tranvías, carros, y peatones.

Y pienso, re pienso e imagino un pasado

de cuántos laburantes fueron testigos de sus rutinas,

de sus largas jornadas de diez o más horas,

de los tranvías con sus uniformados conductores,

de los carros lecheros tirados por resignados percherones.

Eran otros tiempos, otros valores, otra gente.

Encerrar el presente en el pasado y guardarlo para el futuro.

en esta situación no lo pude hacer.

El puente, El Nicolás Avellaneda me ganó de mano

Tiene guardado el pasado para mostrarlo al futuro.

Yo ahora con mi Holga soy un simple testigo

mientras un pequeño bote a remo va y viene llevando pasajeros.

Antiguo puente transbordador Nicolás Avellaneda

1914-1960 Barrio de La Boca

“Es uno de los últimos 8 puentes transbordadores que quedan en el mundo, siendo el único en América.

Holga 120N, Ilford HP5 PLUS 400 ASA
Ruben Enrique Scricciolo

 

Ruben Enrique Scricciolo

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